El otro lado.
Alessandro
Baricco dice que las redes suelen ser un modo de mirarnos a nosotros mismos.
Sin darnos cuenta, la gente a la que seguimos y quienes nos siguen son
parecidos a nosotros. Si yo tengo una tendencia política, buscaré a quienes
piensan como yo, que a su vez me buscarán y me vincularan a otros más con
quienes también coincido. Las sugerencias que aparecen van hacia el mismo
lugar. Con el tiempo, estaré en contacto con personas cada vez más parecidas a
mí. No son una ventana sino un espejo donde mirarme para reafirmar lo que creo.
Pero ¿Y el otro lado?
En
estos días, a partir de las discusiones generadas por la relación lésbica en la
película de Pixar Lightyear intenté
asomarme a la otra acera. Una periodista a la que sigo (y con la que coincido,
por supuesto), invitó a que las familias acudieran a la película como un modo
de aprender a respetar lo diverso. De inmediato aparecieron decenas de
comentarios en contra, algunos sumamente agresivos. ¿Quiénes eran esas personas
ofendidas por un beso entre dos seres humanos?
Decidí
saber de ellas. Lo que encontré me dejó temblando. Es como si me hubiera
encontrado con otro mundo en donde cada comentario homófobo, machista, racista,
clasista y misógino es aplaudido y abrazado. El otro lado.
Algunos
perfiles prácticamente no tienen contenido ni ideas, solo participan una y otra
vez en esos juegos que abundan en la red: “¿Cómo serías si fueras gato?”, “¿Qué personaje
histórico fuiste en otra vida?”. “Encuentra a tu actor gemelo”. Otros están
llenos de referencias religiosas: invitaciones a rezar, peregrinaciones,
cadenas de oración, frases de la Biblia. También hay personas y grupos
antiaborto. Hasta
este momento, asomarme seguía siendo, por momentos, divertido. Luego dejó de serlo.
Conforme
entro, encuentro otra cosa: personas y grupos que abiertamente se asumen como
antifeministas, anti movimiento LGBT, “masculinistas” (se llaman así como una
oposición al feminismo). Las imágenes se repiten: varones con gestos rudos, a
veces agresivos, o de traje y corbata, pose de triunfadores, dispuestos a
defender a como dé lugar aquello en lo que creen: el libre mercado, la
heterosexualidad, los derechos de los hombres, la vida, el catolicismo, la
patria, la derecha (así lo dicen, no lo interpreto). Imágenes que hacen
referencia a los guerreros de las cruzadas: espadas, cruces, cascos, escudos. Trago saliva. ¿Qué dicen allá en el otro lado?
“De
los tibios nunca se hizo historia” dice la imagen de un joven de veintitantos,
rostro enojado y retador, brazos cruzados, mucho músculo. Asegura ser un soldado de causas justas.
“Feminismo
y su relación con la pedofilia” es la conferencia que se anuncia en un espacio
llamado Prolife Army, cuyo logotipo
es un casco guerrero cruzado por dos espadas.
La
frase de Kevin Sorbo: “Ellos saben que una sociedad de hombres fuertes nunca
hubiera permitido lo que está pasando. Por eso atacan la masculinidad primero”. Por supuesto, me pregunto quién diablos es
Kevin Sorbo. ¿Algún filósofo, sociólogo, psicólogo? No. Es el actor que hizo de
Hércules en alguna película.
La
imagen de unos cuerpos atados a palos. Sobre la imagen la frase: “El mal
predica la tolerancia y una vez que se vuelve dominante, silencia el bien". La
frase es de Charles Chaput. ¿Y ese? Un arzobispo estadounidense
Alguien
que se asquea ante una imagen que dice: "Junio, mes del orgullo gay" y luego se
alegra ante otra imagen: "Junio, mes del Sagrado Corazón de Jesús".
Una
frase que reza: “El socialismo del siglo XX quería que volvamos (sic) a la era
precapitalista. El socialismo del siglo XXI quiere devolvernos a la era precristiana.
Por eso exaltan el primitivismo, la barbarie e incluso el sacrificio humano”.
La
foto de una mujer que durante una inundación lleva en sus brazos a un niño y a
un hombre que parece enfermo. Lo sigue la siguiente frase: “Rescates en los
desastres naturales según el feminismo”.
El
pequeño gato de la película mencionada diciendo a Buzz Lightyear: “Buzz, quiero
que me penetres”.
Algunos
personajes aplaudidos y citados. No, tampoco son filósofos ni teóricos de nada:
Johny Deep (hoy es un héroe de estos grupos porque ganó el juicio a una mujer), Piqué (el futbolista), el conductor de programas Esteban Arce y Ernesto D’Alessio.
Una
noticia: “Se disparan entre mujeres las infecciones sexuales un 1073% en 7
años”. Aseguran que es debido a la promiscuidad de las mujeres actuales. Curioso que no se cuestionan quiénes las contagiaron.
Otro
descubrimiento al que llegó, cómo no, un historiador católico: “Las cruzadas
fueron legítimas y la inquisición no fue sangrienta”.
Frases
posteadas: “No se dice narcotráfico, se dice izquierda emprendedora”.
“No
veo a nadie de Black Lives Matter
condenar el asesinato de cristianos en Nigeria”.
“La tauromaquia nos da identidad, ¡defendámosla!”
La
imagen de un personaje de anime golpeando a otro. De sus manos salen rayos de
luz. La frase:”¿Listos para tirar al feminismo y a la comunidad LGBT al
basurero de la historia del mundo?”
Un meme supuestamente gracioso: “Dios celebrando el día de la diversidad sexual”, dice, en la imagen, rayos y
fuego que caen del cielo destruyendo y matando a los habitantes de Sodoma mientras la Virgen mira impasible.
Un hashtag repetido una y otra vez: #soymachoyque
Se
repiten constantemente palabras como “desviados”, “feminazis”, “locas”, “depravados”,
“perversos”.
Hay
también muchísimas entradas y mensajes acerca de defender a los varones de las
“denuncias falsas”, es decir, de cómo las mujeres mienten cuando denuncian
acoso, hostigamiento o abuso, o de la también supuesta falsedad de las
denuncias contra sacerdotes pederastas.
Por
supuesto, la palabra “natural” aparece una y otra vez: la familia natural, las
relaciones naturales, lo que se opone a la naturaleza, lo antinatural…
No
se trata de un machito enojado que escribe sus cosas, estoy hablando de
perfiles seguidos por miles de personas. Uno de ellos, especialmente agresivo, tiene 3140
seguidores y casi 2500 me gusta. El de el autor de un libro con varias de estas ideas suma 27 mil seguidores
Leo
sorprendido. ¿En qué mundo vivo? Es que el mundo en el que suelo
estar no es este. Pero no tuve que ir lejos para encontrarlo, bastó con asomarme al otro lado de las
redes. Y ese lado no es mi lado, pero existe, vivísimo y activo. En mi lado,
creemos en los derechos de todas las personas, sin importar su orientación o su
identidad sexual; pensamos que el clasismo y el racismo son una afrenta;
asumimos que el feminismo es necesario para crear una sociedad justa; apostamos
por el derecho al aborto; deseamos una verdadera educación de la sexualidad;
cuestionamos abstracciones tales como La Patria; dudamos que exista una verdad
única; pensamos que las identidades son construcciones sociales que no dejan de
cambiar; buscamos que hombres, mujeres y personas que no caben en esas dos
denominaciones tengan los mismos derechos y oportunidades; creemos que un beso
entre dos personas no puede hacer daño a nadie y que en cambio la homofobia genera
crímenes…
Pero
esto es solo mi lado, al que a veces confundo con el mundo porque dejo de mirar
que el otro lado existe y que miles de personas viven en él y están convencidas
de sus ideas. No es que no supiera que hay quienes opinan diferente a mí y a los míos, creo que todos lo sabemos, lo que me sorprende es la virulencia con que se expresan, la rabia acumulada, el desprecio absoluto hacia los y las otras, la certeza de ser héroes destinados por Dios a destruir al enemigo (las personas homo y trans, las feministas, la izquierda, el derecho al aborto, los ecologistas, las vacunas). Qué ingenuidad la mía pienso, qué poco miro a veces.
Luego,
lo que es aún más complicado: ¿qué hago con ese otro lado? ¿Se tolera al
intolerante? ¿Se respetan las ideas de quienes no respetan la diferencia? ¿No
hay en esa mirada fascista el germen de diferentes formas de discriminación y
violencias? ¿Y entonces?
No
me atrevo a responder. Por ahora me quedo con la experiencia de haberme asomado
al otro lado, ese que está tan cerca, agitándose lleno de fuerza y odio, con el que convivo a diario sin darme
cuenta.

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